¿Quién le teme al pago con tarjeta de débito?

la obligatoriedad de que los comercios cobren utilizando tarjetas de débito, si el comprador así lo desea, ha generado algunas protestas. ¿Qué llevó a la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) a implementar tal medida; qué opina el Banco Central al respecto; cuál es el verdadero problema de que las transacciones no se realicen en efectivo, sino utilizando algún medio electrónico?.
15 de abril de 2018  
Escribe Juan Carlos de Pablo / Publicado en La Nación.
Al respecto entrevisté a Thomas Tooke (1774-1858), quien nació en San Petersburgo porque su padre, clérigo de la Iglesia de Inglaterra, prestaba servicios en la referida ciudad rusa. En 1821, junto con Thomas Robert Malthus, John Ramsay Mc Culloch, David Ricardo y Robert Torrens, fundó el Club de Economía Política, principal foro de discusión de la naciente teoría económica. Recopiló en seis volúmenes su investigación sobre la evolución de los precios en Inglaterra entre 1793 y 1836. Inicialmente había aceptado una explicación monetarista de las modificaciones de los precios, pero el referido estudio empírico lo llevó a pensar que la modificación de la cantidad de dinero era la consecuencia, más que la causa, de la modificación de los precios, convirtiéndose en líder de la denominada Escuela bancaria, por oposición a la Escuela monetaria.
-¿Desde cuándo se puede comprar abonando con "dinero plástico"?
-Desde mediados del siglo XX. Cansado de tener que contar con efectivo cada vez que quería cenar fuera de su casa, alguien inventó un sistema por el cual el cliente presenta una tarjeta en cualquiera de los comercios adheridos, los cuales juntan todas las compras realizadas durante un mes, y las cobran en el mismo momento.
-Pero el "fiado" es mucho más antiguo. ¿Cuál fue la novedad de la tarjeta de compra?
-En el sistema tradicional, el comercio tenía que conocer al cliente al que le fiaba, porque corría el riesgo de incobrabilidad, mientras que con la tarjeta de compra el riesgo lo corre quien la emitió.
-Con posterioridad aparecieron las tarjetas de crédito y débito.
-Efectivamente. La primera surgió cuando alguna institución financiera le posibilitó al deudor que no cancelara todas las compras en el mes que las realizó, sino que -una parte al menos- las pudiera pagar en cuotas.
-¿Y la tarjeta de débito?
-Es un mecanismo por el cual se transfieren fondos de la cuenta del comprador a la del vendedor, de manera prácticamente simultánea. Como explicaba Carlos María Moyano Llerena en la Universidad Católica Argentina (UCA), el cheque no es dinero, sino la cantidad depositada en el banco, movilizada a través de un cheque. La clave no es la tarjeta de débito, sino el saldo que tiene el comprador. A propósito: Lucas Llach, vicepresidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), anunció la defunción de la tarjeta de crédito, pero no su operatoria, la que en vez de realizarse utilizando un plástico se haría con ayuda de un teléfono celular.
-¿Por qué el Gobierno obliga a que se pueda pagar utilizando tarjetas de débito?
A la AFIP le interesa que los comercios tengan que utilizarla, porque le facilita la lucha contra la evasión impositiva. Una operación que se abona con tarjeta de débito difícilmente pueda ser ignorada cuando el establecimiento tenga que calcular lo que tiene que pagar por IVA, impuesto a las ganancias, etcétera. Al Banco Central le interesa porque quiere minimizar el uso del dinero en efectivo, para reducir los costos de impresión, traslado, conteo, instalación y mantenimiento de los cajeros automáticos, etcétera.
-¿A quiénes más les conviene la medida que estamos analizando y a quiénes no?
-Dentro del sector privado, les conviene a quienes operan en el sector formal de la economía, porque quienes ahora tengan que pagar impuestos tendrán que ajustar sus precios y, por consiguiente, dejarán de competir de manera desleal con los oferentes que ya estaban inscriptos.
-¿Y a quiénes no les conviene?
-A aquellos que, contra su voluntad, tuvieron que incorporar el referido sistema de pago. Las quejas públicas de los afectados se refieren a las comisiones que tienen que abonar, cuando cuantitativamente el mayor costo es el de tener que abonar los impuestos. Lo que ocurre es que, públicamente al menos, nadie puede defender la informalidad impositiva o laboral.
-Usted dice que cabe esperar un aumento de los precios, en los comercios que ahora tienen que aceptar el pago con tarjeta de débito.
-Efectivamente. Nadie puede esperar que el pago de los impuestos a las ganancias, impuesto al valor agregado (IVA), etcétera, salga del bolsillo de los comerciantes. Precisamente, la alegría que la medida les provoca a quienes ya operan en el sector formal de la economía deriva del hecho de que, a raíz del referido aumento de los precios, algunos consumidores comprarán en los comercios donde no se evadía.
-¿Desaparecerá la economía informal por completo?
-Difícil, pero seguramente que disminuirá, lo cual aumentará la recaudación.
-Brillante. ¿Cabe esperar una reducción de las alícuotas o, al menos, una caída del déficit fiscal?
-Lo primero es difícil, lo segundo es más probable. Aunque al respecto los contribuyentes impositivos tienen que luchar, porque la tentación de los funcionarios para gastar todos los fondos recaudados es casi irresistible.

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