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El esquema de amortiguación empezó en abril y evita incrementos mayores en los combustibles.
- La "transferencia de ingresos" hacia los consumidores ronda los 1.000 millones de dólares acumulados y se recuperarán cuando baje el petróleo.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, que parecía que se iba a resolver en pocas semanas, mantiene en tensión al mundo desde hace ocho meses y el petróleo se sostiene en torno a los 105 dólares por barril. En Argentina, tras un aumento de 23% promedio en marzo, las petroleras aplicaron un virtual congelamiento de los precios de la nafta y el gasoil, que ya cumplió siete meses.
El esquema de "amortiguador" o buffer limitó los incrementos a aproximadamente un 5% a partir de abril a cambio de que no cayera fuertemente el consumo, con la promesa de que las petroleras recuperarán las subas no realizadas cuando baje el crudo.
Pero la tensión no aflojó y las empresas señalan, bajo reserva de nombre, que los precios de la nafta están "atrasados" entre 10% y 15%, mientras que el gasoil está entre 20% y 30% por detrás de su paridad.
YPF y Axion, al tener integrados verticalmente sus negocios de producción y venta, compensan hacia adentro de sus balances, pero Trafigura y Signar Energy -licenciataria de la marca Shell- sienten de lleno este atraso en sus cuentas al comprar petróleo a otras firmas y venderlo por debajo de su valor.
Según el ex secretario de Energía Daniel Montamat, en octubre el atraso del precio del gasoil respecto a la paridad de importación fue de 24%, mientras que en la nafta súper fue de 8% promedio.
Así, cada mes las petroleras pierden en conjunto unos 150 millones de dólares; es decir, ya son unos 1.000 millones de dólares que las compañías "transfirieron" a los consumidores desde el inicio del esquema de amortiguación.
El mercado de combustibles se maneja en una "tensa calma". YPF concentra el 60% de las ventas y cada vez gana más dominio con precios más baratos que el resto. Sus competidores están en torno a un 5% más caros y cuando el petróleo tiene fuertes subas buscan forzar a que la petrolera de control estatal incremente sus precios.
El equilibrio es fino: si se amplía la diferencia entre YPF y el resto, la demanda se mueve hacia el oferente más barato, lo deja sin producto ("quiebre de stock") y lo obliga a aumentar. Pero mientras YPF pueda soportarlo comercialmente, sus competidores no pueden trasladar los "atrasos" a los surtidores.
Las naftas y el gasoil no solamente dependen de la evolución del petróleo y el heating oil -la referencia internacional para el diésel, que está en 190 dólares por barril por la infraestructura dañada en Medio Oriente y la guerra entre Rusia y Ucrania-, sino también del tipo de cambio, los impuestos y los biocombustibles.
El dólar está semi planchado en Argentina, mientras que el Gobierno volvió a frenar el alza de los impuestos y se pierde una recaudación tributaria de US$ 150 millones por mes. En cambio, los biocombustibles treparon este mes 2%.
Así como los consumidores no sienten en sus bolsillos los aumentos pendientes, cuando caiga el precio del petróleo tampoco verán una baja de los combustibles.
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