La demora, afectará la llegada de dosis a la Argentina. La Comisión Europea sembró dudas sobre la vacuna rusa.
El vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, reconoció que Rusia no tiene capacidad para satisfacer la demanda mundial de la vacuna. Y que la prioridad es la vacunación en su país. Argentina contrató 10 millones de vacunas y, hasta ahora, sólo recibió 1,2 millones.
Mientras el Gobierno argentino tiene puesta sus mayores esperanzas en 30 millones de dosis de esa vacuna contra el coronavirus, Rusia admitió este jueves que no tiene capacidad para satisfacer la demanda internacional de la Sputnik V.
“La demanda de la vacuna rusa en el exterior es realmente alta. Es tan alta que supera considerablemente las capacidades productivas”, afirmó en su rueda de prensa diaria el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.
El representante del presidente ruso señaló que “la campaña de vacunación nacional es nuestra prioridad absoluta. Han sido movilizadas todas las capacidades de producción, que en primera instancia trabajan para el mercado interno”.
El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informó en su blog que en la capital rusa ha sido inoculadas cerca de 600.000 personas desde el inicio de la campaña, al resaltar que el remedio ruso “ha probado su eficacia y seguridad”.
Además, añadió que “muchos países se han mostrado interesado en el fármaco”. De acuerdo con el Fondo de Inversiones Directas de Rusia (FIDR), en la actualidad 27 países --sin contar Rusia-- en Europa, América Latina, Oriente Medio, África y Asia han registrado oficialmente la Sputnik V.
Peskov indicó que Rusia ha propuesto a otros países producir la vacuna rusa. Según lo informado por el Gobierno argentino, el contrato con el Fondo Ruso es por 30 millones de dosis (para inocular a 15 millones de personas). Pero sólo han arribado a Buenos Aires 1.220.000. Nadie puede asegurar cuándo llegarán las casi 29 millones de vacunas restantes. A los problemas de producción se suma la visión crítica por parte de autoridades de la Unión Europea.
Bruselas ve la vacuna rusa Sputnik V como una herramienta política en manos del presidente ruso Vladimir Putin. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, aprovechó una comparecencia en la tarde del miércoles para sembrar dudas sobre la Sputnik V: “Todavía nos preguntamos –dijo la alemana- por qué Rusia está ofreciendo en teoría millones y millones de dosis mientras no progresa suficientemente en la vacunación de su propia población. Creo que es una pregunta que amerita una respuesta”.
La frase de Von der Leyen puede dar a entender dos cosas: que Rusia está prometiendo millones de dosis que en realidad no es capaz de producir a la velocidad suficiente. O, peor, que Rusia está entregando a otros países una vacuna que es reticente de usar con sus propios ciudadanos.
Moscú no ha pedido todavía autorización a la Agencia Europea del Medicamento –responsable de dar el visto bueno a cualquier medicamento que entra en el mercado europeo- para vender su vacuna en Europa, pero el Gobierno húngaro usó un complicado argumento –la extrema urgenciapara comprar y ya empezar a administrar la vacuna rusa.
También estaría en negociaciones el gobierno esloveno. Von der Leyen recordó que los productores rusos “tienen que enviar a la Agencia Europea del Medicamento todos sus datos y después pasar por el proceso de escrutinio para saber la seguridad y eficacia de su producto, como cualquier otra vacuna”.
Además, la presidenta del brazo ejecutivo de la UE recordó que, como ni Rusia ni China fabrican sus vacunas en Europa, la autorización es más complicada. Expertos europeos tendrían que inspeccionar y visitar regularmente las plantas y laboratorios que producen esa vacuna si esta fuera finalmente a venderse en Europa. Rusia ya empezó a ceder la licencia para que se fabrique en otros países.
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